Tú te pondrás bien, Ben. Y yo me pondré bien.

Junio 25th, 2009

Final de la película que todos saben, elevado por esa power ballad que todos saben.

A propósito de la muerte de quien todos saben.

Entre paréntesis, el blog ha estado con poca renovación porque tenemos mudanza. Desde la próxima semana, estaremos posteando desde un nuevo nicho, en somosblogs.cl. Este blog quedará publicado, pero inactivo y desde ahí seguiré posteando dimes y diretes, links y videos.

Ahora los dejo, tengo que desempolvar mi cassette de Thriller.

Cabezas de granada

Junio 15th, 2009

El de acá abajo es el trailer de The Hurt Locker, la cinta de Kathryn Bigelow sobre un escuadrón anti-bombas operando en Irak. Según dicen los que ya la vieron, es menos un filme sobre el conflicto específico, y más bien un retrato de aquella raza especial de hombres que no pueden vivir sin la adrenalina de jugarse el pellejo cada cinco minutos.

Una raza que la Bigelow conoce bastante bien, como recordarán los que hayan visto su espléndida Punto de Quiebre hace casi veinte años.

A quien le suene la cara del protagonista Jeremy Renner, él era el colega rebelde de Colin Farrell en S.W.A.T, el mismo que después cambiaba de bando en aras del billete.

The Hurt Locker debería llegar a Chile a mediados de septiembre.

Háblenme de un final de temporada

Junio 11th, 2009

Fringe nunca me ha movido el pelo. Es demasiado similar a los Expedientes Secretos X y yo ya no soy tan joven y ya no estoy tan interesado en la verdad que podría estar allá afuera.

Sin embargo, estos tres minutos finales del final de temporada -que mencionara en una sobremesa el escritor Mike Wilson- me dejaron marcando ocupado. Es la clase de momento televisivo que los gringos consiguen mejor que nadie, una de esas epifanías catódicas donde se unen la historia, la ficción y la cultura pop y ese viejo deseo tan norteamericano de un mundo diferente donde las cosas hubieran pasado de otra forma.

Ojo, si eres seguidor de Fringe y todavía no ves el último episodio, mejor sáltate el video.

FIDOCS (2ª parte)

Junio 10th, 2009

Creo que El Olvido, de Heddy Honigmann, es muy buena. Y los trozos en YouTube de Agarrando Pueblo, la divertida docu-sátira de Luis Ospina lucen notables.

Pero no pude ver ninguno de los dos títulos, ya que ambos se exhibían anoche en Lastarria 90, una de las salas mejor ubicadas de Santiago y también una de las más estrechas. Se llenó en cinco minutos y la gente de la organización estaba feliz. Bien por ellos. Más vale sala abarrotada que semivacía.

Pero qué lata que estemos en Chile y que las únicas alternativas en estas situaciones sean dos extremos: o penan las ánimas o tienes que hacer veinte minutos de cola para asegurarte un lugar.

Sin embargo, no todo estaba perdido: alcancé a entrar cómodamente al ciclo de Herzog en el Goethe, donde la sala es muy amplia (creo que ahí se montó Filóctetes), pero es muy difícil encontrar un asiento donde tengas visión completa de la pantalla.

Los títulos del ciclo Herzog son en DVD, un defecto que pronto dejó de preocuparme, ya que la calidad de la proyección y las copias era bastante digna.

Se mostraron tres títulos del alemán. El primero era su corto debut, un mini-documental ensayo titulado Herakles (1962), que en diez minutos cruza imágenes de fisiculturistas con desastres urbanos de alguna clase, ya sean atochamientos o montañas de basura. El mensaje es ambiguo y el tono bastante juvenil, pero es obvia la ironía con que Herzog mira a estos devotos de los músculos y la forma en que ridiculiza la inutilidad de su entrenamiento: esos bíceps y calugas ya no se moldean para luchar contra bestias o ejércitos, dice, sino para la exhibición plana y burda frente al espejo.

El tema de la vanidad y la apariencia vuelve en Wodaabe, los pastores del sol (1989), donde Herzog filma a una tribu del Sahara que tiene algunas costumbres muy particulares respecto a los rituales de cortejo y belleza física.

En los wodaabe, los hombres se maquillan y arreglan por horas para llamar la atención de las mujeres. Ellas privilegian aspectos como estatura, forma de la cara, elegancia de los gestos, talento al bailar y tamaño de los ojos (lo que explica la rara gesticulación de los jóvenes wodaabe en esta foto).

Wodaabe está en las antípodas de La ruta de la seda o el típico documental Discovery Channel. Herzog sólo aparece narrando en off para aclarar un punto que las imágenes no dejan claro. No hay juicio, ni paternalismo ni mala conciencia: los wodaabe son iguales que nosotros. Tan excéntricos y al mismo tiempo tan normales como cualquiera de los espectadores. Y sus complejos rituales de emparejamiento y seducción sólo lucen bizarros mientras no recordemos las propias ceremonias sociales que se pueden ver en cualquier discoteque o bar de Chile.

Pero el plato fuerte fue Las alas de la esperanza (2000), donde Herzog le pide a Juliane Kopcke que le muestre la ruta que siguió durante diez días -sola, sin comida ni brújula- luego de ser la única sobreviviente de un avión caído en plena selva peruana.

La forma en que la mujer relata su historia (una historia que vivió décadas atrás, cuando tenía apenas 17 años) es digna de un cuento de Horacio Quiroga. En su relato hay caimanes, mantarrayas, mosquitos, heridas infectadas, aguaceros y trozos de cuerpos sembrados por la selva. Es una odisea límite, narrada sin efecto ni exceso: cuando Herzog intenta obtener de ella algo una reacción más emocional que un simple temblor de voz, la mujer le ignora, como ofendida por el deseo de un extraño de mostrarla como algo más que una simple ciudadana local.

Sigue los arroyuelos, por pequeños que sean. Ellos te llevarán a arroyos más grandes y así llegarán a un río. Y cerca de un río siempre hay seres humanos“, explica Juliane en un minuto. Es un hermoso tip de supervivencia, conectado con un saber antiguo que en el mundo urbano ni siquiera atisbamos. Pero también es una rara alusión al mismo oficio de hacer documentales: seguir el hilo de eventos mínimos, buscando llegar así a historias más globales y de ahí, claro, a los seres humanos.

El Fidocs sigue hasta el domingo. Programación y horarios en www.fidocs.cl

 

FIDOCS (1ª PARTE)

Junio 9th, 2009

Mi idea es ir posteando aquí regularmente notas e imágenes de lo que alcance a ver en el 13º Festival Internacional de Documentales que se está desarrollando aquí en Santiago. La muestra dura hasta el domingo 14, y se van a exhibir docenas de documentales nacionales y extranjeros.

La programación completa (y sintéticas descripciones de los argumentos de cada título) se puede ver en http://www.fidocs.cl/. Este año, aparte de las muestras centrales, hay una retrospectiva del trabajo de Werner Herzog como documentalista de más de 23 filmes. También hay un mini-ciclo del colombiano Luis Ospina, que incluye Agarrando Pueblo, un mockumental donde se burla del cine “comprometido” hecho para ganar premios en el primer mundo.

 

La inauguración en la UC fue bastante sencilla, con discursos de Gonzalo Maza, Patricio Guzmán y la ministra Paulina Urrutia. Un gran momento fue cuando se obligó a subir al escenario a muchos de los veteranos directores de los documentales nacionales recopilados para la sección Bicentenario. La idea de la sección es contar de alguna forma la historia de Chile a través de filmaciones tan antiguas como Un paseo a Playa Ancha (1903) hasta Los Hawker Hunter sobre La Moneda (1973), de Pedro Chaskel.

Sin embargo, el latazo que se venía era mayúsculo: el Fidocs abrió con Las Playas de Agnes, de Agnes Varda, una especie de documental autobiográfico donde la directora francesa recorre su vida a través de las playas que ha visitado.

¿Qué decir? En sus pocos buenos momentos, recordaba a la magnífica Sans Soleil, de Chris Marker. Tenía planos bonitos, algunas historias interesantes y la Varda era simpática en cámara. Pero la media hora que vi antes de mandarme a cambiar tenía un tufillo a cosa vieja, autocomplaciente y fofa que me espantó.

Y lo dice alguien que venera Vagabond (1985) y que disfrutó muchísimo Les Glaneurs et La Glaneuse, otros dos títulos conocidos de la Varda en Chile. En fin, tal vez después mejoraba. Sin embargo, media hora de mi vida fue todo lo que estuve dispuesto a concederle.

Pero algo me alegró la noche: un feroz condoro ortográfico en el gigantesco pendón del festival que adornaba la entrada a la sala. ¿Por qué me divirtió? Porque soy un mal tipo, supongo.

 

Hoy día martes, a las 19.30 en Lastarria 90 exhiben la muy recomendable El Olvido, de Heddy Honigmann. Y en esa misma sala, a las 21.30, Agarrando Pueblo y Ojo y vista, peligra la vida del artista, dos cortos documentales de Ospina.

Continuará…

 

Fantasmas en la máquina

Junio 9th, 2009

La nueva moda 2.0 se llama robo.to y es un sitio (http://robo.to/) donde uno puede crear una página personal que permite hasta ahora una sola función: postear breves segundos de video que son el equivalente visual de un Twitter.

Y en esos pocos segundos frente a la cámara del computador, claro, nadie consigue hacer mucho: en los mini-videos que se pueden revisar abundan los tipos con cara aburrida, las chicas haciendo guiños, las miradas al infinito y los fondos mal iluminados de cientos y cientos de habitaciones en mitad de la noche.

Robo.to me parece inofensivo, aunque no le veo aplicación práctica alguna, como si la tuviera Twitter desde un principio. O si no, pregúntenle a los bomberos de Brooklyn, que abandonaron las anticuadas radios de cintura y ahora sólo cargan sus Blackberrys.

Kairo

Sin embargo, el sitio me da escalofríos porque me recuerda a Kairo (2001), aquella espantosa cinta de terror japonesa donde la internet se volvía el puente por el cual los muertos comenzaban a invadir el mundo de los vivos. Lo que era un pensamiento perturbador no tanto por las escenas terroríficas de rigor (que eran bastante buenas), sino porque Kairo sugería que, de hecho, el cruce entre ambos mundos era posible debido a que la mayoría de los vivos se comportaban ya como si estuvieran muertos.

¿Qué hora es en la red? era una pregunta seudo-filosófica a mediados de los noventa. Hoy día ya no tiene sentido. Mirando los perfiles solitarios de robo.to dan ganas de decir: es hora de apagar todas las luces y esperar el final cerca de tu pantalla, en silencio, rezando porque alguien todavía esté allá afuera intentando hacer contacto.

Aquí abajo, una de las mejores escenas de Kairo:

¿En qué se parecen Old Boy y La Boda de mi Mejor Amigo?

Junio 5th, 2009

En que ambas son historias de género bastante corrientes, con la diferencia de que están contadas desde la perspectiva del villano.

En el primer caso, creemos durante buena parte del filme que la venganza que estamos presenciando es la de Oh-Daesu. Pero al final entendemos que el verdadero héroe de la trama era su némesis. Oh-Daesu era -nunca deja de ser- un bicho cruel y bocón, que causa dolor a quienes le rodean.

Pero la película está contada desde sus ojos y así la leemos y eso la hace brillante.

En La Boda de mi Mejor Amigo, la protagonista natural debió haber sido Cameron Díaz. Eso si nos atenemos a las reglas de la comedia romántica más clásica: la crítica de restaurantes manipuladora y neurótica que interpreta Julia Roberts debería haber sido su odiosa contrincante, no la heroína a la que terminamos amando.

¿Se redime alguno de estos personajes? Es curioso. Creo que no. Es obvio que su visión de las cosas cambia durante el desarrollo de la peripecia que viven. Pero no creo que cambien en lo esencial. Al final del día, cuando ha corrido la sangre o cuando ya se han puesto los anillos, Oh-Daesu y Julianne Potter siguen siendo villanos de la peor calaña.

Y a pesar de eso, los queremos. La magia del cine. Y de los buenos guiones.

 

 

Por qué nos gusta el sushi

Junio 5th, 2009

Norteamérica es adicta al azúcar, pero busca crecientemente correr un velo sobre su adicción. Power Bars. Suenan nutritivas. Principal ingrediente: jarabe de fructosa. Casi un 25 por ciento de azúcar. (….) Una poderosa adicción al azúcar, preocupación por la salud e ilusiones de sofisticación cosmopolita. El sushi satisface todos esos puntos. (…)

La salsa, anago no tsume, usada para confeccionar ciertos tipos de sushi es un tipo de jarabe (syrup) hecho con azúcar regular, sake, salsa de soya y un vino dulce llamado mirin. Durante la mezcla, la caramelización provoca que el azúcar morena crezca en masa a través de la formación de fructosa y glucosa. (…) Y respecto a otros tipos de sushi, todos son hechos con arroz al que le han sido agregados azúcar y vinagre dulce de arroz“.

Extracto de If You Knew Sushi, de Nick Tosches, un artículo publicado hace dos años en la Vanity Fair.

 

Creerás que un negro puede hackear

Junio 5th, 2009

¿Qué luce más absurdo a esta distancia cuando pensamos en Superman 3? ¿El espacio físico que ocupaba la super-computadora, tan enorme que sólo podía ser contenida en una caverna en las montañas?

¿La pista de esquí que el villano tenía en la azotea de un rascacielos?

Pero más que nada, ¿no luce completamente absurdo hoy en día que un hombre sin educación como el personaje de Richard Pryor aprendiera en un par de semanas no sólo a digitar un computador, sino a hackear todos los sistemas inventados por el hombre?

Adoro esa parte de los años ‘80: el descaro que tenían las películas y series para inventar tonteras a partir de tecnología que estaba a la vuelta de la esquina.

 

¿Kung Fu o David Carradine?

Junio 5th, 2009

La confusión que en Chile tenemos con el personaje que hizo famoso al fallecido David Carradine es bastante singular. El protagonista de la serie Kung Fu se llamaba Kwai Chang Caine, y era un monje shaolín que recorría el Viejo Oeste repartiendo golpes y enseñanzas a quien lo necesitara.

Pero en Chile el personaje se llama Kung Fu. Todo el mundo hablaba así de él cuando exhibían la serie en los ‘80 y todo el mundo sigue hablando así hoy día, incluso cuando comprobar el nombre del personaje tomaría menos de un minuto en IMdb.

La imagen de abajo la tomé de la portada de latercera.com el día que Carradine apareció muerto en su cuarto de hotel.